Hablaremos de pasarelas, es decir, de fotografía de pasarela. Fotografía no hace falta que digamos que es. Pasarela, para los despistados, es ese camino recto por donde se pasean las (y los) maniquíes portando, normalmente, prendas de vestir o complementos. (Es preferible decir maniquí, la palabra modelo es mas generalizada y se refiere no solo a las que pasan sino también a las (los) que posan en lugar de referirse a trajes, vestidos, bañadores… Un acuerdo, para no andar con errores a partir de ahora hablaremos en femenino).

Llevar a buen puerto la fotografía de una pasarela, no es tan fácil si no se procuran dos o tres claves, que intentaremos explicar. La pasarela se presta con mucha facilidad, a una foto con desenfoques, movida y poco fiel en la representación del colorido. De estos tres defectos, el más grave es el de los colores, quizás ya por costumbre. Entonces es que garantizar una prenda bien tomada, puede consumir bastante material. Puede ser en algunos momentos, similar a la fotografia de bodas, donde en muchos momentos las figuras están en movimiento y la experiencia del fotógrafo se tiene que hacer valer.

Una pasarela, para comenzar suele ser estrecha y se pierde en el público, es decir, que suele ser bastante larga. La posición idónea es “a pie de pasarela”, es decir, en un lateral, viendo llegar las maniquíes. Posiblemente a más altura que el nivel de la pasarela (pero sin llegar a tomar picados). Esto nos dice, que la óptica va a ser teleobjetivo no muy largo (a no ser en casos excepcionales).

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